Aguas Rojas, ciudad demente
fue una vez Puerto Cristal
hasta que el rojo inocente
fue su brillo a empañar
Era en el pasado vibrante
el gran puerto del norte
amistoso con la isla flotante
hasta que llegó un reporte.
Tres barcos llevados al fondo
por los de cerúlea tez.
Un rumor que caló hondo
sin que se llegara a ver
Los hombres fruto del miedo
odio, ignorancia y maldad
clamaron su rencor al cielo
e ignoraron la verdad.
Tres fueron los condenados
en la plaza principal
atados de pies y manos
y colgados sin piedad.
Tres fueron aquellos pobres,
los tres hijos del mar.
Los tres hijos de señores
de la Isla de Cristal.
Surcó rauda la noticia
de uno a otro confín
y una daga de malicia
puso en jaque a la emperatriz.
Sus fieles pedían ¡venganza!;
ella buscaba la paz,
mas subieron con la ira cual lanza
a sus barcos de coral.
Llegaron un frío día
con la muerte en la mirada
llevando la muerte fría
a todo catre y morada.
Los marineros del Puerto
contraatacaron con rabia.
La sangre con cada muerto
fluía libre como savia.
La masacre tuvo su premio:
no más gritos de la gente.
En el Puerto cayó el silencio
sin ningún superviviente.
Tras las esperas más largas
supo esto la Gran Dama
y lloró lágrimas amargas
pues no pudo hacer nada.
Así fue que Puerto Cristal
ciudad de las más hermosas
por la estupidez mortal
se convirtió en Aguas Rojas.